LOS ESPIRITUS OBSESORES…

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Existe una cuestión que genera bastante debate en la Doctrina. Se trata del tema de la obsesión, sobre el que se ha escrito mucho. En el presente artículo vamos a desarrollar este asunto desde una perspectiva un tanto diferente, ayudándonos de la aportación de la psicología, que como ciencia de la conducta tiene que decir mucho al respecto, pues después de todo, nos situamos frente a una dificultad que afecta al pensamiento tanto del que genera el problema obsesivo como de aquel que lo padece. Por último, entrecomillo los términos “obsesor” y “obsesado” porque el Diccionario de la lengua española no los reconoce como tales y sin embargo, son muy utilizados en la literatura espírita. Dedicaremos tres capítulos a desarrollar esta materia, porque es importante tanto describir cómo se origina y mantiene este proceso como luego, saber cómo operar para combatir su influencia y librarnos definitivamente de tan acosadora presencia.

Para entender este fenómeno, debemos partir del concepto de existencia de una sola realidad aunque en dos planos: el espiritual y el material. La interacción entre ambas dimensiones es total y continua. Aunque la mayoría de nosotros tan solo apreciamos lo que atañe al mundo físico, lo cierto es que el espacio espiritual se imbrica, atraviesa permanentemente lo tangible y sobre todo, lo afecta. Del mismo modo y al mismo tiempo, se produce el fenómeno inverso. Todo cuanto hacemos, decimos o incluso pensamos ejerce un considerable influjo sobre lo inmaterial. Esto se asemeja al aire, al que no podemos ver ni tocar pero del cual tenemos clara conciencia de que existe.

Los conocidos como “obsesores” son espíritus que ejercen una influencia especialmente negativa sobre las almas encarnadas que habitamos en este planeta. Es obvio, que dada la naturaleza de las criaturas que transitan por nuestro orbe, la inmensa mayoría de ellas vinculadas a diferentes clases de  pruebas y expiaciones, no podía ser de otro modo. Mas no todo resulta perverso en este mundo que poblamos. También se produce sobre nosotros un influjo positivo, como el de muchos hermanos que nos aman o que desean nuestro bien (véase el caso de los ángeles guardianes) pero gracias a Dios, este efecto es benefactor y por tanto, no solo no debe preocuparnos sino que debemos hacer todo lo posible para que se desarrolle e intensifique, pues resulta muy recomendable recibir su guía y su consejo en esta dimensión tan tosca como es la material y en la que nos desenvolvemos.

Al producirse este hecho que hemos descrito como de constante interacción, el proceso de obsesión es recíproco y se efectúa en todos los sentidos. Unos espíritus “obsesan” a otros, ellos a nosotros, nosotros a ellos y no olvidemos, por supuesto, porque todos somos espíritus aunque unos con envoltura carnal y otros sin ella, que también los seres de “carne y hueso” nos estamos influyendo de modo permanente no solo con la acción sino también con el pensamiento. La obsesión, por tanto, entre seres humanos encarnados es tan real como la que habitualmente se describe en los libros espíritas. Hace ya muchos decenios que la psicología demostró el formidable efecto que los pensamientos tenían para uno mismo y en la relación entre las personas. Sin embargo, con ser interesante este último aspecto, nos vamos a centrar exclusivamente en el proceso más conocido, o sea, en la influencia negativa que los espíritus “obsesores” realizan sobre nosotros y en cómo combatirla, ya que puede llegar a resultar muy perjudicial para nuestro camino evolutivo, sobre todo por el efecto de malestar, angustia y estancamiento que genera en quien lo recibe.

Recordemos en breve resumen lo que nos manifiesta la Doctrina acerca de este fenómeno. Se reconocen tres grados de influencia que van de menos a más en cuanto a la intensidad de ese influjo negativo: desde la obsesión simple  (1º) a la que todos estamos expuestos y en la que los efectos no dejan de ser leves y el sujeto receptor puede emplear aún con entera libertad su capacidad decisoria, pasando por la fascinación (2º) , donde las consecuencias aparecen con una mayor fuerza negativa con los resultantes efectos perjudiciales para la víctima que va viendo cómo disminuye su impulso para librarse de la entidad que le está afectando hasta el caso más grave que es el de la subyugación (3º), donde el “obsesor” controla a placer la voluntad del “obsesado” resultando este último  prácticamente un “juguete” en sus manos.

En cualquier caso, conviene efectuar una serie de aclaraciones al respecto de todo este procedimiento, pues alguien no muy experto en la materia podría pensar que este hecho es una especie de condena o sufrimiento añadido que recae sobre algunas personas sin una explicaciónaparente. Si bien es cierto que muchos casos de obsesiones tienen que ver con la reencarnación y con cuestiones del pasado (enemigos del ayer o del presente pero que ya han “desencarnado”) y que se relacionan con el engranaje de la ley de causa y efecto, tanto en estas como en las restantes obsesiones, siempre debemos contar con un elemento fundamental: el libre albedrío del que padece esa influencia. En otras palabras, lo mismo que la entidad que pretende perjudicarnos tiene la libertad de influirnos, así nosotros también gozamos del perfecto derecho y de la posibilidad de rechazar o anular ese efecto intimidatorio.

Como todo espírita conoce, existe la denominada ley de afinidad, mediante la cual todos los espíritus se atraen mutuamente en función de unos patrones vibratorios similares y que incluyen por ejemplo la similitud de gustos o inclinaciones o si se quiere llamar de otra forma, la semejanza de caracteres o tendencias. Este tipo de almas son propensas a unirse, a vincularse y a realizar gran número de tareas de forma conjunta.Consideremos un ejemplo sencillo que nos ilustre. Es posible que la primera vez que vaya a una licorería a tomar unos tragos y salga del local ebrio, algún ente que se deleita en absorber los vapores del alcohol que desprendo se me acerque. Pero no nos engañemos: lo que de verdad refuerza y ata a ese “obsesor” conmigo es mi regreso a ese bar con asiduidad, mi marcada querencia al consumo y al abuso de las sustancias tóxicas. Es precisamente este último y decisivo factor el que aproxima mis vibraciones a las de las entidades que se mueven como “peces en el agua” en esos antros donde reinan la insensatez y la evasión de las pruebas vitales que nos atañen. Antiguamente, solía decirse que las personas “bebían para olvidar”, pero desde luego la amnesia de los problemas duraba tan solo unas horas, pues cerrar los ojos a los desafíos de la vida no eliminaba los obstáculos de nuestra carrera por el progreso. Se trataba de una mera ilusión en la que se envolvía el sujeto y que le golpeaba en el rostro con la fuerza de un martillo en cuanto recuperaba el sentido de la realidad. Parece obvio que no podemos engañar ni aletargar a la conciencia sin sufrir serios disturbiosinternos. Afirmamos pues, sin temor a equivocarnos, que en estas situaciones de abandono y de falta de vigilancia consigo mismo, el individuo abre de par en par sus puertas al dominio por parte  de los “obsesores”.

Hay que dejar entonces muy clara nuestra responsabilidad en el inicio, mantenimiento y consolidación de los procesos de obsesión, no vaya a ser que algún ingenuo pretenda contemplarlos tan solo desde la perspectiva de la “mala suerte” o lo atribuya a los vaivenes de la vida cuando estamos comprobando diariamente que no es así. Como en otras tantas enfermedades (pues el proceso obsesivo no deja de ser una “patología espiritual”), el efecto de prevención es probablemente el mejor seguro para eludir ese tipo de “intervenciones” negativas sobre nuestro psiquismo, sobre todo alejándonos física y moralmente de lugares y personas que nos atraen tanto con su fatídico magnetismo como el anzuelo a la presa.

Partiendo pues del efecto nocivo de este lance, cabe preguntarse cuántas veces al cabo del día, tenemos la sensación de que un pensamiento negativo se instala en nuestra cabeza resultando dañino para nuestros intereses y difícil de expulsar. Veamos un caso revelador: estoy hablando con alguien que me pide ayuda y cuando tengo que decidir qué actitud adoptar ante esa tesitura, empiezan a llegarme pensamientos a la mente como… “no merece la pena”, “él no lo haría por ti”, “se trata de una pérdida de tiempo”, “tienes asuntos más importantes que atender”…Hay que tener en cuenta un aspecto esencial que concierne a esta cuestión. Como se observa en las expresiones citadas, el “ataque” que efectúan los “obsesores” se caracteriza por su sutileza intelectual, por el uso de una estratagema que implica una gran carga de argucia sobre el “obsesado”. Si su influencia fuera manifiestamente lesiva, resultaría más fácil rechazar esos argumentos que se posan en nuestro juicio, ya que implicarían un embate demasiado evidente contra nuestra integridad. Y el ser humano, cuando es agredido frontalmente y de un modo palmario, se defiende mejor que cuando no capta directamente de dónde procede la acometida y qué armas se están empleando contra él.

Solo en los casos en los que el espíritu “obsesor” se ha apoderado casi de su víctima (como son las coyunturas citadas de fascinación y subyugación), aquel halla ya un terreno tan abonado para su maléfico influjo que ya presiona al afectado de forma meridiana, sin cortapisas, porque sabe que la persona se halla bajo su control y que no va a ejercer ningún tipo de filtro crítico a su dominio sobre la mente del receptor. Por fortuna y aunque resulten supuestos muy llamativos cuando se producen, estos casos constituyen una minoría, por lo que lo más común es que el espíritu en cuestión tenga que conformarse con desplegar una coacción pero de carácter sutil, perspicaz, a fin de no despertar excesivas sospechas en el damnificado, no vaya a ser que se disparen las alarmas y al final, lo que era un impulso decidido de someter al “obsesado” se transforme en un rechazo frontal a sus deseos de mandar en él. Insisto que por este motivo, es mucho más frecuente comprobar la existencia de este proceso pero realizado desde la agudeza. Esta muestra nos aporta la verdadera significación de lo que supone toda esta técnica de la obsesión y cómo opera, casi siempre a través de la “presión inteligente” y no desde la confrontación directa, pues en el primer caso las posibilidades de irse apoderando paulatinamente de la voluntad de la víctima son mayores.

¿Qué expresa esto? Pues que luchamos en general contra un enemigo listo, preparado (sabe lo que hace y  disfruta haciéndolo) y que emplea una gran carga de avispada maldad en sus actuaciones. En definitiva y como cualquier estratega sabe, para defenderseeficazmente contra algo hay que utilizar las mismas armas que el atacante. Es como si quisiéramos rechazarla embestida de un gigantón de cien kilos de peso y de complexión fuerte con nuestros débiles puños pertenecientes a una persona de estatura baja y aspecto frágil. La derrota es previsible salvo que echemos mano de la inteligencia. Así pues, llega el momento de repelerel ataque que el “obsesor” de turno lanza sobre nosotros ¿Qué hacer?

Si la ofensiva que estos seres realizan sobre nosotros se introduce por el pensamiento, habrá que utilizar indefectiblemente esta misma herramienta, a fin de que el ente atacante tome conciencia de que no se halla ante un rival endeble sino ante un opositor de entidad que va a contraatacar con las mismas armas con las que ha sido provocado.

En la segunda parte, estudiaremos con la ayuda de la psicología, (el espiritismo no está reñido con ninguna ciencia) un método práctico para llevar a cabo una respuesta eficaz y contundente contra el asalto de estas formas “obsesoras” que tanto pueden llegar a amargarnos la existencia.

Fuente: Entre Espiritus y FC

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Publicado el 12/12/2016 en Despierta Cordoba. Añade a favoritos el enlace permanente. Comentarios desactivados en LOS ESPIRITUS OBSESORES….

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