El Verdadero “Sol” de los Incas

El conocimiento secreto de la Estrella Oscura aparece diseminado en la literatura esotérica, como he descubierto en estos últimos años. A menudo toma la forma de un símbolo anómalo conectado con 7 estrellas, y juega el papel de una contrapartida del Sol y la Luna . A veces, la Estrella Oscura se describe en palabras, como un “verdadero” Sol más significante que el Sol mismo: por ejemplo, el culto persa y más tarde el culto romano de Mitra:

“Parece que los mitraistas de alguna forma creían en la existencia de dos soles: uno representado por la figura del dios sol, y el otro por el mismo Mitra como el “sol inconsquistado”. Es así de gran interés notar que los mitraistas no estuvieron solos en la creencia de dos soles, porque hemos encontrado en los círculos platónicos el concepto de la existencia de dos soles, uno que es el sol astronómico normal y el otro que sería el así llamado sol “hipercósmico” ubicado más allá de la esfera de las estrellas fijas.” 

 El cuarto libro de la serie Crónicas de la Tierra de Zecharia Sitchin, llamado los “Reinos Perdidos” (1990), trabaja con la evidencia Sud y Meso Americana en relación a la existencia de los Anunnakis. Sitchin señala que los primigenios mitos sumerios fueron transferidos a Sudamérica por la migración de los Anunnakis mismos, quienes eran reverenciados por los últimos indígenas allí, como sus antiguos dioses. En esto se incluyen referencias simbólicas al Disco Alado:

“Las creencias tribales…sostenían que en el principio había un Viejo Dios, creador de Todas las Cosas, del Cielo y la Tierra, cuyo hogar estaba en el más alto cielo, el 12º cielo:

“Y los Toltecas sabían que muchos eran los cielos.

Ellos decían que hay 12 divisiones superimpuestas:

Ahí habitan el verdadero dios y su consorte.

El es el Dios Celestial, Señor de la Dualidad;

Su consorte es la Dama de la Dualidad, la Señora Celestial.

Esto es lo que significa.

El es rey, el es señor, sobre los doce cielos.”

 

“Esto suena sorprendentemente como una traducción de las creencias celestiales-religiosas de Mesopotamia, de acuerdo a las cuales la cabeza del panteón era llamado Anu (“Señor de los Cielos”) y quién, con su consorte Antu (“Señora del Cielo”) residía en el planeta más alejado, el 12º miembro de nuestro Sistema Solar. Los sumerios lo graficaban como un planeta radiante cuyo símbolo era la cruz. El símbolo fue más tarde adoptado por todos los pueblos del mundo antiguo y evolucionó al símbolo universal del Disco Alado. El escudo y los símbolos de Quetzalcoatl dibujados en los primeros monumentos mejicanos son sensiblemente semejantes.” 

Las civilizaciones de América Central y Sur no aparecen haber sido tan antiguas como aquellas de Mesopotamia y Egipto, pero hay mucha evidencia que sugiere la ocurrencia de cruce cultural, posiblemente vía navegantes marinos como los fenicios, o incluso los sumerios. Por sorprendente que pueda parecer, algunos artefactos que han sido desenterrados en Bolivia, en las vecindades del lago Titicaca, están tallados con signos cuneiformes que parecen ser de extracción Proto-Sumeria . Esto ha llevado a algunos académicos a buscar un controversial enlace entre la cultura mesopotámica de 5.000 años y la de Sudamérica.

Nunca estaremos seguros cuál es la base histórica en este punto, en parte debido a la completa destrucción de las culturas indígenas por parte de los Conquistadores, y en parte por el potencial engañoso de los hallazgos arqueológicos. Poco ha quedado para iluminar a los académicos y arqueólogos en relación a las fuentes mitológicas primigenias, y los hallazgos arqueológicos controversiales que van en contra del pensamiento ortodoxo son dejados de lado o ignorados por los académicos para mantener su credibilidad. Y está la purga de la Iglesia. El genocidio que ocurrió en aquellos primeros días de la conquista colonial europea corrió paralela con la fuerza purificadora destinada a erradicar el antiguo conocimiento pagano. Aun si los antiguos de América Central y Sur conocieron a Nibiru, ¿cómo podríamos averiguarlo?

Ciertamente, remanecen muchos monumentos magníficos, y los arqueólogos han encontrado un avanzado sistema de registro de fechas que sugiere un aprendizaje elevado, en particular entre los Mayas. Investigadores como Richard Day han realizado interesantes estudios arqueo-astronómicos para determinar si acaso el conocimiento escondido de Nibiru puede encontrarse en el diseño de los monumentos mismos, particularmente en aquellos de Teotihuacán . En intrincado y exacto sistema de fechado, combinado con las “Eras Mayas”, sugieren un pensamiento a escala cósmica, que posiblemente incorpora las profecías del catastrofismo celeste.

¿Acaso este dibujo ayuda a explicar las famosas “Eras Mayas”?           Agradecimientos a Greg Jenner por haberme enviado esta maravillosa imagen. 3/3/04)

El reconocido autor de mitos Centroamericanos, Maurice Cotterell, ha investigado acaso estas Eras podrían tener conexión con los grandes ciclos solares de aprox. 3.750 años . Esto trae el fenómeno que subyace en la órbita de la Estrella Oscura: Sitchin lo aproxima a 3.600 años para su Nibiru, y yo he sugerido el período inter-caléndrico de 3.760 años para mi Estrella Oscura. Todo lo cual sugiere un período cósmico que yace en el núcleo del pensamiento religioso antiguo. Exploraré este vínculo con mayor detalle en mi próximo libro “La Compañera Binaria”.

Lo que falta es una referencia mitológica directa a la Estrella Oscura entre la evidencia arqueológica remanente. ¿Se ha perdido tal evidencia directa, o nunca existió, en primer lugar?

Una información envalentonadora me ha sido hecha llegar por Lee Covino. El detectó un interesante dibujo de una pieza de altar incaico destruido por los españoles en el Cuzco, Perú.

Cuzco fue la capital del Imperio Inca y sufrió un completo saqueo por parte de los conquistadores. Después de la destrucción se llevó a cabo un intento por comprender que estaban trabajando los incas en la Coricancha del Cuzco. 

Se llegó a la conclusión que el templo estaba dedicado al Sol, basada en deducciones de algunos europeos de la época, en su mayoría frailes dominicos. Graham Hancock cita a Garcilaso de la Vega:

“Lo que daremos en llamar el altar mayor, aunque esta expresión no existía entre los indios, estaba hacia el oriente, y el techo, que era muy elevado, era de madera, cubierto con paja. De los cuatro muros colgaban placas de oro desde arriba abajo, y algo parecido al Sol coronaba el elevado altar. Esta semejanza estaba hecha de una placa de oro el doble de gruesa de la de las paredes, y se componía de una cara redonda, prolongada por rayos y llamas…la cosa entera era tan grande que ocupaba todo el muro trasero del templo.” 

 Y así fue que la Coricancha llegó a ser conocida para Occidente como el Templo del Sol. La implicancia fue que los “Indios” eran simples adoradores del sol, y la devastación completa y posterior destrucción de su iconografía impidió que surgieran preguntas ulteriores. Terriblemente conveniente. Me pregunto si acaso los dominicos hallaron gráficos que de inmediato catalogaron como herética dentro de su propio ambiente cultural, y decidieron su desaparición sin remedio…

Coricancha no fue sólo un almacén para una vasta cantidad de riqueza. También funcionó como un observatorio que contenía señales que permitían a los sacerdotes incas predecir eclipses, solsticios y equinoccios (8). Es claramente más que un templo dedicado a la adoración solar.

Aquí es donde el documento hallado por Lee se hace interesante de leer. En él, el investigador Jan Sammer, que ha trabajado con Velikovsky en el pasado, arguye que la conclusión de Coricancha como un templo solar está errada, y que debió haber sido olvidada hace 100 años atrás:

“…Había pocas razones para dudar de la realidad de un importante templo solar en Tawantinsuyu (Imperio Inca). Pero hace poco más de un siglo un descubrimiento literario de gran importancia cambió esta situación de manera sustancial. En 1873 Clemens R. Markham, durante una mirada de algunas colecciones de la Biblioteca Nacional de Madrid, dio con un manuscrito anteriormente desconocido del siglo 16 titulado “Relacion de antiguedades deste reyno de Piru”… Su autor, un indio aymara llamado Pachacuti Salikamaywa, descendía de una familia noble, de reciente conversión al catolicismo. 

“Hasta la publicación del manuscrito de Juan Pachacuti hace un siglo no disponíamos de la evidencia que podría decisivamente contrarrestar la opinión unánime de los varios cronistas que el Templo de Viracocha estaba dedicado al Sol. Sin embargo, Pachacuti incluyó en su manuscrito un boceto del altar del templo. El altar mismo fue destruido pronto luego de la conquista. Esta representación es crucial para una comprensión del culto de la Coricancha y en Tawantinsuyu como un todo.”   

El disco dorado tiene una forma distinta, oblonga, y está separado del auto-evidente disco-solar. También tenemos un complejo conjunto de símbolos celestiales de los cuales el Sol es apenas uno entre varios. El disco elíptico aparenta ser parte de una Trinidad celestial. Esto difícilmente es el sello característico de un culto solar principal entre la gente incaica.

Así, si Coricancha no estaba dedicado al Sol, entonces ¿a qué le dedicaron ese templo los incas? Al centro del diagrama del Gran Altar hay una elipse grande. A sus lados están el Sol y la Luna, y  descripciones figurativas de Venus como el Lucero Matutino y del Atardecer.

La elipse se halla sobremontada por una cruz de estrellas, y otras estrellas yacen debajo.  Esta escena celeste se enfoca sobre la elipse como la fuente súper-importante del Universo en la forma del dios Viracocha.

Sammer entonces prosigue arguyendo que esta elipse significa el “verdadero Sol” de los Incas, una frase que ya hemos escuchado antes…

 

“Para el disco mismo, Pachacuti lo describe así:   “Dicen que fue imagen del Hacedor del verdadero sol, del sol llamado Viracochan pachayachachiy”— Viracochan pachayachachiy es traducido usualmente como “Viracocha, Gobernador de la Tierra Entera.” … Viracocha es llamado el “verdadero sol” … para distinguirlo de nuestra luminaria familiar.” 

¿Acaso el disco elíptico que era el punto central de la religión Inca señalaba a un muy diferente “verdadero sol? ¿Podría esta creencia religiosa herética ser el verdadero significado de la amplísima devastación de la cultura indígena por parte de los Conquistadores?

Digamos que una herejía similar fue practicada en Europa durante el tiempo cuando los cultos secretos  eran perseguidos por la Iglesia. Si entonces los españoles  se encontraron con gente “Indiana” en Sudamérica que de forma independiente brindó su remarcable riqueza en tal iconografía, ¿no habría esa idea retornado a Europa para reforzar el verdadero cruce cultural de tal herejía? Qué mejor acción a seguir que destruir el templo, fundir el oro y declarar los devastados restos un culto “solar” para que no pudieran existir preguntas ulteriores.

“Pachacuti no nos dice explícitamente qué era el “Sol llamado Viracocha pachayachachi” excepto que no era nuestro Sol, al que él designa como Inti. La solución de este puzzle obviamente nos proveerá de una clave más importante del real culto de Tawantinsuyu.” 

Sammer continúa y arguye que el simbolismo quiere significar a Saturno, pero no me parece así. ¿Es la elipse y la cruz de estrellas una representación de la Estrella Oscura? Sin un examen más detallado del Gran Altar me resulta difícil decirlo. Sabemos que la órbita de Nibiru es marcadamente elíptica, y que está simbólicamente conectada con una cruz celeste. Hay mucha oportunidad que este diagrama indique que los incas estaban conscientes de la Estrella Oscura y su retorno a nuestro sistema solar. Si Sitchin está en lo correcto acerca de la necesidad de oro de los Anunnakis entonces disponemos de otra conexión con los ricos contenidos de Coricancha, el “cierre dorado”. Es una posibilidad fascinante.

Fuente: Dark Star Theory

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Publicado el 10/06/2012 en Despierta Cordoba. Añade a favoritos el enlace permanente. Comentarios desactivados en El Verdadero “Sol” de los Incas.

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